Un reino a su medida

Allí estaba Julio, sonriente y henchido, espatarrado, con la seguridad de ser Rey de su Reino, un Reino levantado con enconado esfuerzo. A Julio le había perdido la pista con el final de la carrera de Bellas Artes. Ni siquiera sabía que nuestro rumbo había sido el mismo: Barcelona, ciudad que, por contra de Bilbao, se prometía llena de oportunidades. Mi encuentro con su estudio fue fortuito: caminaba por Gracia, con la legaña puesta cuando leo un placa: “Julio Arriaga. Artixta”. Me suena, entro, y le reencuentro.

fotojulio1Yo le recordaba como sigue siendo: un auténtico ejemplar de bilbaíno, esto es, fanfarrón, animoso y resistente. Tanto como para abrir un local tan atípico como el Xtudio y sacarlo adelante con éxito durante estos tres últimos años. Su historia empieza como la de muchos trabajadores del arte que venimos de fuera: desde cero. Ser un pintor-pintor en su concepción más romántica y buscar, portafolio en mano, un lugar para exponer es amargante. A Julio le pidieron 300.000 pesetas por exponer en algunas galerías de Consell de Cent, para pagar los folletos, le decían. Julio busca una solución. ¿Porqué no montar su propia galería, y que sea también taller con escaparate? Este concepto de partida para su proyecto personal, el Xtudio, resultó en un espacio híbrido y poco habitual.
El Xtudio tiene mucho de cabina de prostituta amsterdanesa, porque está a pie de calle, porque su color es el rojo, y por el enorme escaparate que ofrece a un Julio exhibicionista, encantado de dejarse observar. El artista seducido por sí mismo y consciente de la seducción que ejerce, se entrega, y nos sirve en bandeja los trances de arrebatamiento inspirador que se le suponen. El Xtudio, situado en el número 10 de la calle La Perla, acoge a todo curioso e interesado.

A menudo, alguien desconocido entra y se sienta. Unos minutos de comentar los cuadros, y de ahí, a hablar de sus cuitas. “Hay gente que viene una temporada, se descarga, y deja de venir, pero siempre van apareciendo personajes nuevos; el Xtudio -prosigue Julio- parece a veces un gabinete psicológico”. La gente se suelta delante de los cuadros, del color. Y Julio aprovecha este flujo de visitas rotatorias para rebajar sus dibujos a 30 , ya que por este precio es fácil que los visitantes, tras la charla, se animen a llevarse uno o varios. Estos precios, el trato sin intermediarios, la hospitalidad, la accesibilidad del taller… todo ello acerca el arte a la gente, opina. Julio es marchante, artista y galerista, todo a la vez, y el Xtudio es su solución forzosa frente a la nula permeabilidad de las estructuras de exhibición del arte. Aquí reside uno de sus grandes valores, factor humano aparte.fotojulio2Para ´8.000 pelas´Julio ha preparado una pieza sobre palés encontrados. Los palés, las cajas de madera o los troqueles publicitarios que tira el vecino cine Verdi hacen a menudo de soporte para sus creaciones. El protagonista de la pieza (Julio es un pintor figurativo) es ´El Hombre de los 7 miembros´, una de las diferentes mutaciones de un personaje icónico y referencial en su obra llamado N-Kíen, que le acompaña desde hace diez años. Julio le representa en variopintas situaciones, dotándole siempre de un complejo entramado de símbolos misteriosos (como la mancha roja bajo el ojo o la cruz en el pecho) cuyos significados se resiste a desvelar.

Sobre los palés, El Hombre se enfrenta a una cuadrícula de trazo trémulo que representa la noción de arte académico y sus estructuras establecidas. Julio percibe de manera muy real una dicotomía entre ésta y su concepción personal de la creación, libre de cualquier imposición. Su desvinculación del circuito galerístico gracias a la creación de su propia estructura le dota de total libertad en todos aspectos. Sin embargo, explica, “la pieza es una reivindicación de mi postura: me meto pero no”. Julio no repudia el sistema del arte y sabe (como también lo sé yo) que acabará viajando y viviendo con holgura gracias a su obra. Con esa pose chulesca que le caracteriza y mirándome a los ojos me jura: “Yo ya vivo de esto… pero viviré mejor”.

Mery Cuesta.